El proceso es siempre el mismo: primero te valoramos, después trabajamos. Toda persona empieza por una sesión de valoración inicial. A partir de ahí, si tiene sentido, montamos contigo un programa de rehabilitación centrado casi siempre en ejercicio terapéutico.
Todo empieza aquí. No es un tratamiento más: es el momento en el que analizamos tu caso en profundidad para entender qué te pasa y cómo abordarlo.
Analizamos cómo empezó, en qué situaciones aparece, qué lo empeora o lo mejora y cómo ha evolucionado con el tiempo. Revisamos las pruebas médicas que ya te hayan hecho y hacemos una exploración física para ver qué gestos o posturas te generan dolor o limitación. El objetivo es entender el problema real, no solo el síntoma.
Tenemos en cuenta tu nivel de actividad, tu experiencia previa con el ejercicio, tus hábitos y tu día a día. No es lo mismo tratar a alguien sedentario que a alguien que juega al golf o entrena de forma regular: el plan tiene que encajar con tu vida, no al revés.
Definimos juntos qué quieres volver a hacer, qué estás evitando ahora mismo y qué significaría para ti estar bien. Son esas respuestas las que nos permiten construir un plan con sentido y dirección.
Miramos qué limitaciones existen y qué factores pueden estar influyendo en tu problema. No buscamos solo "fallos": buscamos entender qué necesitas mejorar.
Usamos herramientas como la dinamometría para medir fuerza, valoración de movilidad y pruebas funcionales adaptadas a tu caso. Esto nos ayuda a saber dónde estás hoy y, sobre todo, a comprobar si estás mejorando con el tiempo.
También trabajamos con personas que han sufrido una lesión o condición que afecta a su capacidad funcional, que necesitan recuperar habilidades básicas del día a día, o que buscan mejorar su autonomía. Tras una cirugía, una lesión neurológica o un periodo largo de inactividad, el objetivo no siempre es quitar el dolor: a veces es recuperar la capacidad de moverse con normalidad.
Al terminar la valoración tendrás una explicación clara de lo que te ocurre, un plan de actuación adaptado a ti y una propuesta de trabajo estructurada.
Con lo que sacamos en la valoración, si procede, armamos un programa contigo. Cambia según cada caso, pero casi siempre tiene el mismo centro: ejercicio terapéutico progresivo, con seguimiento real sesión a sesión.
Ejercicio terapéutico activo
El centro del programa. Ejercicio prescrito para ti, con progresión y seguimiento — no una tabla genérica de internet.
Terapia manual de apoyo
La usamos solo cuando aporta algo puntual. Nunca como base del tratamiento.
Fisioterapia invasiva
Otra herramienta de apoyo, indicada en casos concretos. Igual que la manual: un complemento puntual, no el eje del tratamiento.
Educación y autonomía
No nos quedamos en explicarte por qué haces cada ejercicio. Queremos que entiendas tu problema: qué lo provoca, qué esperar con el tiempo (pronóstico) y qué puedes hacer tú mismo para manejarlo día a día, sin depender de nosotros para todo.
La fisioterapia tradicional se apoya mucho en tratamientos pasivos: manos, aparatos, reposo. Alivian en el momento, pero rara vez cambian algo a largo plazo. Aquí el tratamiento se construye alrededor del ejercicio porque es lo que de verdad genera cambios que se mantienen en el tiempo.
Para nosotros el ejercicio funciona como cualquier otro tratamiento: necesita una dosis correcta, una frecuencia y una progresión pensada para ti, no una lista de ejercicios genérica. Por eso todo parte de la valoración y de las mediciones que hacemos al principio — sin eso, prescribir ejercicio es ir a ciegas.
No te damos una hoja de ejercicios y te mandamos a casa a hacerlos solo. Te acompañamos en el proceso, ajustamos la carga sesión a sesión y comprobamos si estás progresando de verdad — con datos, no solo con sensaciones.
El objetivo final no es que vengas a rehabilitación de por vida. Es que en algún momento no nos necesites: que sepas qué te pasa, cómo manejarlo, y tengas las herramientas para seguir moviéndote bien por tu cuenta.
Reserva tu valoración inicial y te ayudamos a entender qué te pasa y cómo abordarlo.
Reservar valoración →